“La Edición Crítica es mi compromiso con Cuba, los cubanos y con Martí”
Por CUBARTE 22.09.2015 BOLETÍN CUBARTE.
Dentro de la intelectualidad cubana, el periodista,
historiador y ensayista doctor Pedro Pablo Rodríguez López, es una de las
figuras más prominentes dedicada al estudio e investigación de la vida y la obra
de nuestro Héroe Nacional José Martí. Su meritoria labor ha transitado desde
hace años por diversas etapas, entre ellas, la de haber sido y continuar siendo
profesor y forjador de mentes jóvenes preclaras en el pensamiento martiano. Su
trabajo actual, al frente de un equipo dedicado a la confección de la
Edición Crítica de las Obras Completas de nuestro Apóstol
avalan (entre otras muchas razones), sus cualidades como ser humano en especial,
su sencillez, honestidad y persuasión. El doctor Pedro Pablo —como todos le
conocen—, concedió una entrevista al periódico digital Cubarte para
comentar sobre algunas cuestiones que, según afirmó: “No esperaba”.
Algunos críticos opinan que la biografía escrita por
el periodista y profesor Jorge Mañach sobre el Apóstol de nuestra Independencia,
continúa siendo considerada como la más completa o elaborada hasta la fecha.
¿Cómo realizaría, o tendría a bien escribir, el doctor Pedro Pablo Rodríguez
otra obra superior o de mayor relevancia? ¿Qué espacios faltarían por llenar o
remitirse sobre la vida y la obra de tan magnífica figura? ¿Hacia dónde dirigir
su prominencia en la actualidad a la hora de ser escrita?
Estimo que Mañach fue un gran escritor y supo siempre
utilizar muy bien los recursos narrativos para confeccionar una biografía
novelada, como se decía en aquel entonces, sobre José Martí. Mucho mejor, a mi
juicio, si se le compara con las que hicieron otros noveladores de biografías de
la época como Emil Ludwig y Stefan Zweig, quienes eran bastante acuciosos en su
información histórica, mas ninguno alcanza la grandeza literaria de Mañach.
No obstante, hoy no podría decir que la biografía sobre
Martí de Jorge Mañach, es la más completa porque han pasado muchos años, y estos
demuestran que existen errores que no se les pudo prever en su tiempo por parte
de dicho Autor; elementos que tampoco se conocían y que las incontables
investigaciones realizadas en los últimos tiempos demuestran lo mucho que se ha
avanzado al respecto. Los estudios martianos han avanzado también mucho en Cuba
y en el mundo, aportando nuevos conocimientos. Es por ello que, en algunos
puntos, resulta desactualizada dicha Biografía.
Pero, reitero, el secreto de su gancho está en la
forma novelada en que está escrita que, aunque no enfatiza en lo ficcional, sí
utiliza algunos de sus elementos impregnándole un gran sentido de realismo a la
narración.
Hace muchos años que tengo un proyecto para la confección de
una biografía sobre José Martí —incluso tengo un esquema bastante grande y
extenso de cada de sus partes—, de unas cuantas centenares de cuartillas, pero
Él no me deja tiempo alguno en estos momentos. Me agradaría muchísimo escribir
esa biografía; no enfocarla solamente en lo que ocurrió con el hombre, sino
también en la forma o manera en que éste llega a insertarse en su época y
llegarla a trascender.
No obstante, considero como mi mejor obra la Edición
Crítica de las Obras Completas de José Martí, y esta es mi
compromiso con Cuba, con los cubanos y con Él, por supuesto.
Martí y la Religión
Este es un tema que se ha estudiado bastante —existen
estudios importantes, entre ellos los efectuados por el pastor Rafael Cepeda,
con un libro publicado en Costa Rica—, y diría que lo más relevante en él es que
Martí trazó una gran división entre religiones e iglesias. Para él el mundo de
las religiones forma parte del ser humano y de las sociedades, cuya naturaleza
varía, partiendo también de las variaciones que tienen la historia, las culturas
de cada sociedad pero que, a su vez, es una forma de expresión de la
espiritualidad humana, de la sensibilidad de los seres humanos. Es difícil por
no decir imposible, afiliar a Martí en una religión dada, porque él toma de aquí
y de allá. Es capaz de decir que Jesús es una de las figuras más importantes en
la historia de la humanidad basado en el sacrificio que realiza por su profundo
amor y voluntad al prójimo. Jesús es un modelo de alguna manera para Martí, mas
esta idea no trata de convertirla como símbolo del sacrificio adscripto a
determinada iglesia, no obstante formarse dentro del seno de una familia
española de creencia católica y en un mundo eminentemente creyente del
catolicismo como es el latinoamericano, y en específico del siglo XIX, donde el
catolicismo tenía hegemonía. Todo ello explica su mente abierta, al comunicarse
tanto con un libre pensador norteamericano como con un famoso orador pastor
protestante como (el escritor Richard Beecher Stowe, padre).
Esta apertura martiana se aviene también con el conocimiento
de las religiones de los pueblos aborígenes de nuestra América, su marcado
interés además por conocer las creencias religiosas de la Antigüedad clásica
greco-latina y del mundo de los pueblos árabes, orientales, del hinduismo… Tenía
un aval de lecturas de muchos orientalistas británicos y franceses quienes, como
descubridores y colonizadores, contaban con innumerables académicos autores de
infinidad de volúmenes relacionados con la religión oriental durante la segunda
mitad del siglo XIX. Martí leyó muchos libros religiosos en los idiomas inglés y
francés referidos a Irán —el imperio y religión persa—, a la India, Pakistán, la
China antigua, Bangla Desh y tengo la sospecha que se interesó muchísimo también
por las religiones africanas producto de las informaciones que tenía sobre el
dominio colonial europeo en África. Siguió bastante de cerca las informaciones
referidas a los grandes exploradores europeos en distintas regiones africanas de
aquella época. Posiblemente tenía más lecturas de las que imaginamos hasta el
momento.
La conversación del hombre sobre sus grandes problemas es lo
que impregna en su idea y evaluación sobre la religión. Diría que en él existía
una religión propia, en la que su sentido de dios no es la del creador, sino una
fuerza moral. Hay quienes han hallado desde la teología cristiana y,
particularmente la católica, que el dios martiano no se ajusta al católico
debido a las cuestiones que escribió desde muy joven. Se habla de una especie de
Dedeísmo en Martí, otros hablan de un Fideísmo… Él no entra dentro del
pensamiento teológico cristiano, ni mucho menos en el católico; lo que sí está
dispuesto a admitir de cualquier religión todo lo representativo en cuanto a
valores, a elementos morales, de ayuda al perfeccionamiento y sacrificio del
hombre. Lo que sí en él hallamos más referencias del mundo bíblico pues su
entorno histórico-social-familiar está plagado de información, de elementos
católicos muy asentado dentro de la cultura greco latina y judía. Algo que
hereda y es por ello algunas de las referencias bíblicas a las que hace alusión
en algunos de sus trabajos. La Biblia, una lectura que, en todo momento
tuvo a su alcance.
Martí y la Masonería
Hace cerca de cuatro o cinco años atrás que un compañero
estudioso de la vida y la obra del Apóstol halló entre la papelería de una logia
en la provincia de Cienfuegos, el documento referido al traslado de un español
masón a Cuba y éste aparece con la firma de Anagua, pseudónimo o nombre
de guerra de Martí, utilizado durante la Guerra Chiquita. Fue entonces que nos
dimos a la tarea de estudiar dicha firma y compararla con la suya legítima. Todo
ello evidenció su condición de masón, algo que nunca se pierde en la vida.
Hay varias razones que explican su presencia en ella. Entre
ellas, la existencia de una tradición patriótica y revolucionaria de la
masonería en la Isla, al igual que en el resto del mundo. Hay que recordar que
los masones fueron perseguidos por la iglesia católica de corte medieval al
igual que en otras épocas —era como perseguir a los comunistas del siglo XX—.
Igualmente la masonería conspiró contra las monarquías, contra los regímenes
conservadores, contra la iglesia católica y sus regímenes papales hasta 1870 en
que Garibaldi entra en Roma y rodea El Vaticano. Y esto es lo que le queda en
estos momentos a la iglesia católica… Así, la masonería siempre tuvo un carácter
revolucionario y siempre funcionó como una sociedad secreta en infinidad de
situaciones. Casi todos los revolucionarios y patriotas conspiradores de la
Guerra del 68 en Cuba fueron masones (Céspedes, Perucho Figueredo…) y en América
Latina ocurrió igual: San Martín cuando triunfa, lo primero que funda es una
logia (Lautaro) en Buenos Aires; Bolívar, también, para crear así la
república y separarse de España…
Estoy seguro que a Martí lo que le interesaba en lo
fundamental era el sentido de fraternidad y hermandad que caracteriza a los
miembros de cualquier masonería en momentos sumamente difíciles y de socorro;
esa ayuda al prójimo de forma desinteresada y compartimentada.
No obstante, hasta la fecha no tenemos evidencia alguna de
que, a su llegada a Estados Unidos, continuase practicando en una logia su vida
como masón, pero tampoco me asombraría de que en algún momento nos enterásemos
que alguna vez acudiese a alguna masonería. Imagino la posibilidad de que
quizás, en algún momento, alquilase algún salón en The Masonic Temple,
en Nueva York —que se cobraba mucho más barato—, para realizar reuniones
con los emigrados revolucionarios cubanos. No dudo que existiese algún tipo de
colaboración con masonerías de esa urbe, de Filadelfia, Tampa y Cayo Hueso,
cuyos dueños eran cubanos. No dudamos que el Delegado del Partido Revolucionario
Cubano estuviese involucrado en ellas acompañando a otros patriotas
conspiradores independentistas. En España sí fue secretario de una logia donde
alcanzó el grado treinta o treinta y uno.
Martí y su hermano queridísimo Manuel
Mercado
A veces me he preguntado cómo sería la amistad de Mercado
hacia Martí. Lamentablemente, no tenemos las cartas de él dirigidas a nuestro
Héroe Nacional. Según se dice Martí las dejó en la casa de Carmen Miyares días
antes de partir hacia Cuba; y según ella, a principios del siglo XX (1910), se
inundó el sótano de su casa donde se hallaban todas aquellas cartas. ¡Todas se
perdieron! ¡Una enorme correspondencia que más nunca podremos ver!
A veces he comentado no pensar que la persona que aparece en
dichas cartas, sea exactamente dicha persona. Martí en sus epístolas reproduce
una imagen de Mercado sin estar cerca de él en la gran mayoría de ellas.
Realmente la relación entre ellos duró escasamente dos años, el tiempo que Martí
estuvo en México.
Lo que sí no cabe la menor duda es que Mercado, político y
sub secretario de gobernación, le brindó una sincera amistad durante su estancia
en ese país y sin estar en él: Mercado le abrió el camino para su entrada en el
periódico El Partido Liberal; lo conectó para su entrevista con
Porfirio Díaz; apoyó además financieramente la guerra de Cuba… Era un hombre
perteneciente a la nomenclatura del estado mexicano. Era un hombre del
poder.
Sí observo en cada una de las misivas de Martí que él está,
desde la emigración, añorando e algún modo a esa familia tranquila y unida que
pudo hacer Mercado con mucho rigor. Circunstancias como las de desayunar o
almorzar juntos, conversar y brindar afecto a una familia que él nunca, por su
parte, pudo tener ni disfrutar ¡Cuánto me gustaría estar con ustedes reunidos
toda la familia, en estos momentos…!
Quizás nunca logremos precisar cómo y por qué funcionó esa
amistad, al no tener con nosotros la correspondencia de Mercado. Pero de lo que
sí no cabe la menor duda es que Martí haya sobrestimado esa amistad, idealizando
quizás (reitero) un poco al hombre…y que a la vez Manuel Mercado jugó un papel
importantísimo en su vida.
En su penúltima carta le habla con toda claridad a Mercado,
como político mexicano, de sus objetivos en la Guerra necesaria. Y cuando leemos
la misiva que le escribe en 1884 a Porfirio Díaz nos percatamos de —hallada
hace unos diez o doce años gracias al médico mexicano estudioso de la obra
martiana, Herrera Franyutti—, que Martí le da una condición de estadista para
que lo apoye, por supuesto, en sus objetivos independentistas. Le explica al
Presidente azteca que Cuba independiente sería una seguridad para México
independiente, ante la amenaza por el norte de Estados Unidos. Fíjate además en
lo que le plantea al respecto a Mercado en su carta inconclusa el 19 de mayo de
1895.
Acerca de esa amistad existen opiniones muy divididas entre
historiadores cubanos y mexicanos, y en cómo el gobierno de ese país se proyectó
ante las aspiraciones independentistas de la Mayor de las Antillas. Ciertamente
existía un sector económico comercial hispano en México en aquellos momentos,
del cual ese país no aspiraba a enemistarse y, en ocasiones, plantearon ciertos
obstáculos a las actividades de los emigrados cubanos. Sin embargo, éstos
mientras más alejados estuviesen de la capital azteca, mucho mejor, al no
resultar tan visibles a las autoridades. Incluso, han aparecido algunos
documentos reveladores sobre los planteamientos anexionistas de algunos
políticos mexicanos (1896-1897) para la incorporación de Cuba a ese país. Se han
hallado también algunos informes (decenales) escritos por el Cónsul mexicano en
La Habana en aquel entonces, persona muy entusiasta por el logro de la
independencia en la isla.
Todos estos elementos nos llevan a concluir que la relación
de Martí con Mercado era importantísima no sólo por la amistad demostrada en más
de una ocasión —este político mexicano fue también el hombre que se encargó de
promover la novela Ramona, de Helen Hunt Jackson, traducida al español
por Martí; también le apoyó cuando decidió la edición de un libro en español
dirigido a toda la América—, sino también por su apoyo moral; económico en
ocasiones, y político.
Los hijos de Mercado entregaron todas las cartas de Martí en
la década del cuarenta del pasado siglo. Hasta la fecha se desconoce algún otro
documento.
Martí-Carmen Zayas Bazán/ Carmen
Miyares
Este será uno de los puntos picantes –vamos a
decirlo así--, dentro de la vida del Maestro. Mi opinión muy personal es el que
amor de su vida fue Carmen Zayas Bazán, fue de quien siempre estuvo muy
enamorado y durante muchísimo tiempo. Pienso también que existían por parte de
Carmen razones sobradas para las desavenencias, frente a un hombre a quien le
era imposible realizar vida hogareña, al igual que ella como madre aspirase
también a una seguridad plena para la educación de su hijo… Esto era inevitable
y mucho más si recordamos que era una mujer de buena cuna, sin
necesidades, hasta que se casó con Martí. Ella siempre estuvo enamorada de su
esposo. Cuando él regresa a Cuba y luego nuevamente lo deportan a España, el
padre de ella (abogado y cuya otra hija estaba casada con el gobernador español
en Camagüey), le ofreció resolver el divorcio a lo cual ella se negó. Cuando al
principio de la República Manuel Sanguily va a España a entrevistase con Jiménez
de Sandoval y éste le entrega un documento perteneciente a Martí. Cuando
Sanguily regresa a la Isla para entregar dicho documento a Zayas Bazán, ésta le
asevera que “Nada de Martí pertenece a nadie; en todo caso es del pueblo de
Cuba, por ser quien es Martí”.
Asimismo existen otros elementos, entre ellos, ella nunca
crió al hijo bajo la conciencia de rechazo a su padre. En lo poco que se
conserva del hijo se observa sobre el respeto y admiración que sentía hacia su
padre. Incluso, estuvo con sólo quince años de edad conspirando en Cuba y
haciendo prácticas de tiro en las lomas de Najasa, en la provincia de Camagüey
—junto al mayor general Enrique Loynaz del Castillo—, y cuando la madre lo envía
a Estados Unidos para que no involucrase en la guerra, el joven retorna en una
expedición a Cuba. Siempre tuvo como premisa seguir y cumplir con el ejemplo de
su padre, no obstante la relación tan esporádica existente entre ambos.
Todo ello explica también su relación con María Mantilla. No
me interesa si fue su hija desde un punto de vista fisiológico, si una
paternidad física o no —si en algún momento se realiza un estudio de ADN quedará
resuelto este misterio—; en el fondo, fue su hija, al criarla, ayudarla, darle
consejos, la siguió muy de cerca… Se habla siempre de María, pero se olvida a su
hermana mayor, Carmita. ¡Cuántas cartas existen de Martí dirigidas a ambas!
Ellas fueron las hijas de Martí; las quiso muchísimo a las dos. Asimismo,
existió una relación muy estrecha de él hacia el hijo varón (Ernesto) de Carmen
Miyares y Manuel Mantilla. Este colabora con Martí y se traslada con él a
Fernandina.
Tiendo a pensar que, efectivamente, existió una relación
amorosa entre Martí y Carmen Miyares; que pudo ser antes o después del
nacimiento de María Mantilla. Carmen era una mujer muy fuerte con un negocio
propio (casa de huéspedes ocupada por emigrados), casada con un hombre que murió
en 1884 (producto de una cardiopatía), y quien tenía a su haber una pequeña
fábrica de tabacos.
Aunque nunca ha existido una correspondencia que corrobore
una relación amorosa entre Martí y Carmen Miyares, sí resultaría lícito pensar
en ello. ¿Cuándo y en qué circunstancias? Se desconocen.
No obstante y dejando a un lado cualquier tipo de
comentarios o hipótesis sobre dicho problema, debo decir que para mí lo más
importante es haber conocido que Martí fue el padre emocional, espiritual de
María, y quien realmente la formó.
¿Considera la existencia de algunas grietas o
debilidades dentro del sector de la intelectualidad literaria y artística cubana
actual que pudieran favorecer a la nueva política del gobierno de Estados Unidos
que, según ha declarado, consiste en un cambio de métodos, manteniendo igual
estrategia respecto a la Revolución cubana? ¿Cómo vincular el Pensamiento
martiano ante este nuevo reto que afrontaría el país? ¿Qué recomendaciones le
haría a dicho sector?
Si existen grietas o debilidades, también existen
fortalezas. Me gustaría empezar por esto último, pues estimo que hoy buena parte
de la intelectualidad cubana tiene un fuerte sentido nacional, y mucho más
incluso de lo que habitualmente algunos quisieran reconocer —diría algunos
políticos, algunas personalidades de la política—; es por ello que estimo que la
intelectualidad es uno de los sectores más confiables en la vida política cubana
hoy en día.
Lo que pudieran calificarse como grietas o debilidades son
las mismas que pudieran aparecer en otros sectores de la sociedad cubana, y ello
no es producto o consecuencia de un tipo de labor o de función social, sino de
la situación que está atravesando el país desde inicios de 1990 hasta el
presente siglo.
Cuba ha atravesado una crisis demasiado larga, y no digo
demasiado porque quizás piense que pudo haberse solucionado antes —no me siento
capaz de opinar en ese sentido—; pero el hecho real es que ha sido demasiado
larga. Históricamente, la Guerra de los Diez Años concluyó con la población
agotada. Como dijo Martí: “No nos vencieron, entregamos la espada”. Mas no se le
ocurrió decir que aquellos que se acogieron a la paz hubiesen sido traidores; la
mayoría de ellos retornaron a pelear por Cuba, o se mantuvieron a favor de la
independencia cubana en 1895.
Lo que sucede es que existen momentos de desaliento, de
cansancio y, realmente, el nivel de presión sobre el pueblo cubano, luego de los
años noventa, ha sido muy grande. Esto, por otra parte, ha generado o ha ido
acompañado —y es lógico que así suceda—, de una pérdida de valores morales; y a
la vez que esto existe de confianza, de esperanza, pues la gente busca
sustitutivos. Y cuando las dificultades materiales son muy grandes, pues la
gente busca cómo resolverlas.
Sí estimo que ha habido un gran error en Cuba y no de los
intelectuales, sino de los políticos, y es permitir durante mucho tiempo —y sin
combatir a fondo—, una corrupción.
Aclaro que no es que todo el mundo sea corrupto, sino que se
ha generalizado. Y todo ello crea un gran problema como es la pérdida de valores
morales. No dudo que muchas personas inescrupulosas se roben una lata de pintura
—al igual que dos o tres—; pero si mañana se produce una invasión de los
norteamericanos, son los primeros que marchan a las trincheras. No tengo dudas
en ese sentido, porque se posee un sentido de nacionalidad demasiado fuerte.
Por otra parte, no somos perfectos. El ser humano tiene sus
lados oscuro y claro del corazón.
Ciertamente ha habido una cierta recuperación económica a un
costo bastante elevado. Por un lado, la emigración ha sido una válvula, y vamos
a hablar en términos económicos: por mucho que nos duela cuando se nos marcha
alguien de la familia o alguna amistad, estos constituyen una válvula muy
importante, pues buena parte de quienes se han marchado durante los últimos
quince a veinte años están contribuyendo al mantenimiento de sus familias y a
otorgar ingresos al país nada despreciables.
A nadie se le ocurre que ello constituya un problema
político, como se valoró durante mucho tiempo en Cuba. Igual situación ocurre en
otros países latinoamericanos como es el caso de la República Dominicana, por
citarte uno.
Actualmente la sociedad cubana se debate en fuertes
contradicciones y problemas, y otra cuestión fundamental: el salario no le
alcanza a mucha gente. Por tanto, se buscan formas de búsqueda de recursos para
poder sobrevivir y éstas se están dando a través de los marcos legales o
bordeando éstos. Todo ello es lo que está provocando tanta pérdida de
valores.
¡Cuántos maestros no hubo corruptos en Cuba antes de los
años noventa! Quizás hubo alguno, pero era tan excepcional que no nos dimos
cuenta. A la vez: ¡Cuántos médicos no pudieron haber existido en la Isla antes
del triunfo revolucionario! De seguro, eran tan pocos o casos tan pequeños e
irrelevantes que quedaban aplastados por la entrega de las grandes mayorías.
Diría que aún continúa la entrega de las grandes mayorías.
Recordemos a esa gran cantidad de personas que aún en los peores momentos del
Período Especial y, sin medios de transportación, continuaban asistiendo a sus
centros de trabajo. Y quienes todavía hoy continúan trabajando aunque el salario
no les alcance. Lo que no podemos pensar es que todos se corrompen, es que todos
roban, o se dedican a vivir al margen de lo establecido.
Estimo que sí existe un fuerte sentido de nacionalidad que,
aunque se deteriore un poco, no está totalmente perdida. Incluso, cuando he
realizado algún viaje al exterior, he conocido a algunos cubanos —pertenecientes
en muchísimos casos a la emigración de los noventa—, quienes continúan
sintiéndose muy cubanos, y quienes además manifiestan una gran preocupación y
amor por Cuba. Algunos pueden tener sus ideas equivocadas referidas a lo que
ocurre en nuestro país en estos momentos pero sin embargo, nunca adoptan las
posturas del enemigo o contrarrevolucionario. Son cubanos quienes, realmente, si
mejorasen un poco las condiciones económicas en la isla y tuviesen posibilidades
de tener un trabajo seguro aquí, estarían dispuestos a regresar.
Esto es lo que está ocurriendo y afectando a todos los
sectores de la sociedad cubana. No existe un sector perfecto como tampoco algún
otro afectado por esta situación. Por suerte, la política cultural desde los
años noventa tuvo una apertura al mundo intelectual.
Todo esto constituye una válvula, y ello lo vemos cuando un
músico (por ejemplo) trabaja contratado en otro país durante seis meses,
digamos, y puede retornar y ayudar a proyectos culturales de la Isla. Es el
caso, por ejemplo, del famoso bailarín Carlos Acosta, quien tiene el proyecto de
crear una pequeña compañía de ballet aquí, en Cuba; en el país donde creció y se
formó como artista y no en ningún otro lugar donde ha obtenido tantos lauros
durante su carrera internacional. Este es el indicio de la existencia de una
nacionalidad muy fuerte y de un espíritu nacional muy fuerte.
No creo que existan grietas o debilidades particulares, y
las que pudieran existir son las mismas que podrían manifestarse en otros
sectores.
Sobre la Edición Crítica: experiencias y retos
inmediatos
La Edición Crítica es el gran reto de mi vida desde los años
noventa del pasado siglo. Conforma el grupo de trabajo más fuerte en el CEM, lo
que nos ha obligado a ampliar el diapasón de nuestros intereses y conocimientos.
En nuestra institución siempre hemos luchado porque no existan fronteras
profesionales. Esto es la división entre quienes se dedican a la literatura, o a
la política, o a la historia, o a la filosofía… Eso no existe aquí, pues siempre
se ha tenido en cuenta que Martí es una integralidad desde todo punto de
vista.
En el caso de la Edición Crítica necesitamos
miradas críticas desde diferentes disciplinas para poder asumir el aparato
crítico (¡y valga la redundancia!), que ella exige. En muchas ocasiones,
incluso, hemos acudido a colaboradores y especialistas dentro del país y en el
extranjero para la realización de consultas sobre diversos temas y sus
respectivos enfoques, para luego confeccionar tan sólo una nota de tres o cuatro
líneas.
De colaboraciones extranjeras puedo citar a profesores e
investigadores de universidades de Puerto Rico, Nueva York, México, España,
Francia, Inglaterra, de la biblioteca del Congreso de los Estados Unidos… de los
más disímiles lugares. Puedo citar además a personas que han contribuido o
realizado donaciones decisivas, como el profesor mexicano doctor Herrera
Franyutti quien compró de su peculio una colección completa de micro-films de la
revista Universal en la que trabajó Martí durante dos años; el profesor
e investigador norteamericano Iván Schulmann, quien nos envió una colección
completa del periódico The Hour (diciembre de 1880) donde trabajó
nuestro Héroe Nacional, al igual que otra colección de entre 1881 y 1890 del
periódico The Sun. Estas, entre otras muchas donaciones.
Hay que decir que esta es una obra eminentemente colectiva;
una obra de investigadores en general, de editores dedicados a ella
exclusivamente. Este es el principal logro que tiene este colectivo. Al mismo
tiempo la Edición Crítica ha permitido investigaciones que han partido
de ella y que han enriquecido el conocimiento martiano. Son los ejemplos del
Club Crepúsculo y del Caso Cutting, acerca de los cuales se desconocían
con anterioridad numerosos aspectos o no se conocían a profundidad.
Tenemos también compañeros —Marlene Vázquez y Lourdes
Ocampo—, quienes realizarán sus tesis de doctorado a partir de las
investigaciones de temas de la Edición Crítica.
Por otra parte hay que tener muy en cuenta que toda obra es
perfectible. Dentro de cuarenta o cincuenta años algunos descubrirán o se
percatarán entonces de errores que hemos cometido; se sabrán cosas que hoy
desconocemos; habrán otras apreciaciones y quizás sean más acertadas las que se
den en un futuro. Pero de lo que no cabrá la menor duda es que la Edición
Crítica será valedera durante mucho tiempo, como lo ha sido la edición de
los 27 Tomos de las Obras Completas de José Martí.
Sin la existencia para la edición de esos últimos de
personalidades como Gonzalo de Quesada y Aróstegui y de Gonzalo de Quesada y
Miranda, éstos no se hubiesen logrado. Si Quesada y Aróstegui no hubiese
dedicado buena parte de su tiempo a la búsqueda e investigación de la vida y la
obra de Martí, al igual que su hijo Quesada y Miranda no hubiera publicado la
primera colección verdadera, y luego la edición de los 27 Tomos, hoy ninguno de
nosotros podríamos llevar a cabo una obra de la magnitud de la Edición
Crítica.
Puedo decir con orgullo que, hasta la fecha, hemos compilado
más de 300 textos, muchos de ellos notas desconocidas con anterioridad. Y todo
esto lo podemos hacer porque ya existen más de tres mil y pico de
textos entregados por quienes nos antecedieron. Es así cómo todo conocimiento
parte de un conocimiento anterior.
A esto habría que agregar la existencia de colaboradores
inesperados provenientes de los más diversos sectores, como es el ejemplo
de Luis García Pascual, obrero cervecero, quien ha dedicado buena parte de su
vida a la investigación martiana durante incontables visitas de estudio
realizadas a la Fragua Martiana y a la Biblioteca Nacional José Martí.
Sus recuerdos junto a Cintio Vitier
Tuve una afinidad muy grande con Cintio Vitier. Nos
conocimos cuando él me pidió permiso para republicar en el Anuario
Martiano —Número cuatro, de la Biblioteca Nacional José Martí—, un trabajo
de mi autoría, que redacté para el penúltimo número de la revista
Pensamiento Crítico No. 49-50 titulado José Martí y la
idea de liberación nacional. A partir de ese momento se desarrolló una
relación que se fue haciendo cada vez más intensa y sistemática. Esta relación
se hizo más profunda cuando entro a trabajar en el CEM para ponerme al frente de
la preparación de la Edición Crítica.
A Cintio siempre acostumbraba hacerle consultas de todo tipo
—hoy, se las hago a su esposa, la escritora Fina García Marruz—; nunca olvidaré
que, en una ocasión, Cintio me pregunto la razón por la cual le hacía tantas
preguntas, si yo sabía tanto o más que él en muchas facetas de la vida de Martí,
puntualizándome “Toma tus decisiones propias, que tanto Fina como yo siempre te
vamos a apoyar. Además, no hay mejor persona que tú para concluir lo que
nosotros iniciamos”.
Así era Cintio pero también habría que verlo como
personalidad moral. Durante mucho tiempo tanto él como Fina siempre se
mantuvieron muy firmes y dignos en sus puestos de trabajo no obstante la
ocurrencia en aquella época de una serie de situaciones y actitudes negativas,
producto en definitiva de envidias, vanidades tontas, complejos…
A ambos los recuerdo a su llegada desde horas muy tempranas
a la Biblioteca Nacional (marcando sus respectivas tarjetas de asistencia), sin
jamás desplegar amarguras, resentimientos, rencores…Cintio afirmaba que
quien sufre de rencores, jamás puede ni podría vivir.
Ese ha sido Cintio para mí: una gran figura moral, un gran
faro de valores, de cubanía sostenida en valores, dentro del campo de la
intelectualidad cubana, a quien recuerdo y recordaré siempre con muchísimo
respeto. Realmente, nunca compartí sus ideas religiosas o puntos de vista
filosóficos referidos a ese tema, pero los respetaba y, diría más al respecto:
sosteníamos conversaciones o debatíamos sin jamás discutir. Cintio nunca quiso
ser el dómine, el hombre o jefe superior a quien hay que rendirle culto. Siempre
pensó en Cuba, en su Patria, en su pueblo y sus valores, en entregarle todos sus
esfuerzos. A Cintio, siempre lo respetaré y admiraré.
Finalmente quisiera puntualizar que a ratos me siento
insatisfecho conmigo mismo, porque creo que podría hacer muchas más cosas de las
que hago. Quisiera incluso estirar el tiempo para atender determinadas
cuestiones que considero importantes para este trabajo que realizo sobre la
Edición Crítica, sobre nuestro Martí; quisiera también tener la
oportunidad de leer más novelas o más libros de poesía, al igual que disfrutar
de algunas películas que a veces se me escapan.
Asimismo, trabajar en colectivo tiene sus vicisitudes porque
cada persona tiene sus singularidades, su individualidad. En el caso de nuestro
equipo de trabajo éste lo conforman doce personas: diez mujeres y tan solo dos
hombres.
En relación con mi vida personal disfruto mucho caminar por
las calles, realizar compras de numerosas frutas, conversar con la gente sobre
diversos temas como música, artistas, en deportes, admirar a una saltadora
medallista como Yanisley Silva porque son personas jóvenes que se entregan a la
vida, sin exigir nada a cambio. Algo que dignifica y te da deseos de continuar
viviendo. Me gusta conocer personas así: modestas, honestas, valientes y exentas
de vanidad. A esas últimas las rechazo profundamente.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Siempre con respeto puedo escucharte