Día
de la Medicina Latinoamericana
Galenos cubanos por el mundo
Brigada médica cubana: En el deber de devolver esperanza a los más pobres de esta tierra, a los más desposeídos
3 de diciembre, Día de la Medicina
Latinoamericana.
Queridos compatriotas.
Las horas se nos hacen largas separados de
la Patria en la lucha diaria contra la muerte, pero no
existe un instante que nuestro pensamiento no esté con
ustedes. Hoy, día de la medicina latinoamericana, la emoción
nos envuelve al saber que ese día tan importante para
nuestro sector no estaremos allá, pero la responsabilidad y
el compromiso con la humanidad, y por supuesto con nuestro
pueblo, nos lleva a sentirnos en el deber de estar ahora en
esta trinchera de combate por devolverle un poco de
esperanza a los más pobres de esta tierra, a los más
desposeídos, sirviendo con nuestros modesto esfuerzo en la
lucha contra el ébola.
Sepan que, una vez más, nos sentimos
orgullosos de pertenecer a un sector tan sacrificado como el
nuestro, donde los beneficios materiales quedan en un
segundo plano para dar paso al sacrificio y a los
sentimientos de solidaridad, de humanismo, de
internacionalismo, esos que ustedes nos brindan día a día
con su apoyo y a nuestra familia, esos sentimiento de
aliento que recibimos y de los cuales hacemos un arma ante
la lucha por un mundo mejor, por un futuro mejor, por un
hombre mejor.
A ustedes, que han sido y serán siempre el
apoyo incondicional al esfuerzo internacionalista y de
colaboración, a todo nuestro pueblo que es y será el blanco
de lo bueno y de lo malo, de nuestras alegrías y de nuestros
sufrimientos, vayan unas inmensas felicidades por el Día de
la Medicina Latinoamericana de parte de la brigada Henry
Reeve que se encuentra en Sierra Leona y la seguridad de que
regresaremos vivos y sanos, con la satisfacción inmensa del
deber cumplido. Gracias hermanos por la confianza depositada
para cumplir con esta tarea, esta es una victoria más de la
Revolución y de la medicina cubana.
Hasta la victoria siempre.
Integrantes de la brigada Henry Reeve en
Sierra Leona.
Enmanuel durante su misión en Venezuela.
DESDE SIERRA LEONA: CARTAS DE
ENMANUEL
Susana Tesoro
Fue a través de Lisbet, compañera de mi
hijo del Preuniversitario, que conocí a Enmanuel. “Es médico
como yo, nos vamos a casar, vengo a invitarte a la boda”, me
dijo. Frente a mi vi estaba un muchacho tan joven que apenas
podía creer que fuera médico. Al poco tiempo, supe que
esperaban un hijo, pero cuando su bebé cumplió dos meses de
vida, Enmanuel ya estaba cumpliendo misión en Venezuela.
Lisbet asumió varios años el papel de madre y padre,
mientras hacía su especialidad en MGI Y Neonatología.
Un día llegó Enmanuel, había finalizado su
misión en Venezuela que se extendió más de lo esperado.
Habían hecho planes, arreglado la casa y se disponían a
comenzar una vida “normal”, ya la niña tenía cuatro años.
Tres meses después de su regresó de 4 años
en Venezuela, el Dr. Enmanuel Vigil Fonseca subía al primero
de los aviones que llevó a médicos cubanos a enfrentar el
Ébola. Cuando lo supe pensé como todo el mundo: “pobre
Lisbet”.
Al poco tiempo de estar en Sierra Leona
Enmanuel es intervenido quirúrgicamente: una apendicitis. A
partir de aquí comienzo a ver en Facebook a aquel joven,
mostrando cartas, invitándome a una página web que hizo
sobre la Brigada, en contacto con periodistas cubanos y de
otros países, ofrecía interesante información acompañada de
fotos. Fue así que supe muchos detalles de la Brigada
Médica, de su cotidianidad, de cómo grandes constructoras
abandonaron las edificaciones a medio hacer por temor a la
epidemia, de la pobreza y la orfandad de los nativos.
Desde su lecho, mientras se recuperaba de
su operación, Enmanuel escribió una carta al Dr. Félix Báez,
primer cubano contagiado por el Ébola, que quiero compartir
con ustedes:
“A Félix Báez Sarria, hermano, quisiera
lleguen estas líneas que te dedico:
Lo más importante de esta vida, digo yo,
es que te quieran. La amistad, en su sentido amplio y
emprendedor de toda clase de amores, constituye el supremo
patrimonio del ser. Porque como dijo alguien, que no sé
quién fue, los amigos son la familia que elegimos. No hay
bloqueos ni crisis políticas o económicas que lo impidan.
Que a alguien le quieran tanto, como le ocurre al soldado de
batas blancas, participante indiscutible, tras una gravísima
enfermedad, es motivo de envidia y admiración. Sus amigos
somos todos los que nos ocultamos detrás de un Nick,
seudónimo o simplemente un nombre. Y encima te ama el mundo,
¡Hasta el enemigo te respeta! El talento, la cordura, la
templanza, la bondad, la buena educación son tus bienes. Los
demás somos pobres a tu lado. Tal vez todos hemos fracasado
en la vida hasta que entendemos de qué lado está el deber,
que sacude a tirones la mente y descubre al amor.
Félix, eres tú y somos todos, dignificas
el alma y nos redimes a todos. Con tu gallardía nos
enorgulleces, todos vemos en ti un digno ejemplo. Que espere
la partida infinita, que espere el más allá, que esperen los
que esperan y sus secuaces impíos, tu salud es más
sobresaliente que la propia deuda externa, ésa que intenta
ahogar en un papel todos los sueños por los que luchamos.
Eres nuestro embajador en la sensatez y la esperanza, eres
nuestro primer latido, nuestro médico de cabecera, nuestro
cantautor que nos representa en nuestra revolución
pendiente, pero que sin dudas venceremos, nuestro
aniquilador de traiciones y deserciones, nuestro destructor
de vanidades y rencores, nuestro juglar de sabiduría.
Nuestro amigo, nuestro hermano que retornara, hermano que
estas allí y nunca te has ido. ¡Levantemos nuestros estetos
por él! Que los problemas políticos y sus miserias se
detengan. Embriaguémonos de amistad cada jornada, seamos
cada vez mejores, dignifiquemos cada vez más nuestra
profesión, aniquilemos la desesperanza y abrasemos al
amor...
A ti, camarada de luchas incontables, a tu
familia que con amor te espera, a toda nuestra Cuba y más
allá de sus fronteras, que con gloria te reclama, a ti
hermano, todo el amor y fe del mundo……
Un abrazo que son millones, Enmanuel.
La carta no sólo me conmovió, sino que me
hizo reflexionar sobre algunas de esas cosas inexplicables
de la vida como la decisión de exponer tu vida por salvar la
del prójimo. No conocía la formación de Enmanuel, ni de
donde le nació la vocación de médico, pero eso sin
preguntarlo, lo respondió en otra carta:
Foto tomada el pasado lunes en la tarde por Enmanuel desde un ómnibus.
LO HUMANO DE SER MÉDICO
La verdad es que tras seis años de carrera
no me parece fácil responder a la pregunta de por qué
estudiar Medicina. Pienso que la Medicina es vocación, y
somos algunos los que sentimos esa llamada para ser médicos.
En mi familia no hay médicos, nadie me lo ha inculcado y sin
embargo desde pequeñito me fascinaba el cuerpo humano, los
médicos, un Hospital, una bata blanca y un estetoscopio.
Estos simples detalles son significativos y demuestran que a
algunos nos apasiona la Medicina desde que no somos del todo
maduros.
Me gustaba ver las series de televisión de
médicos, aunque escuchaba decir que no tenía nada que ver
con la realidad pero yo lo dudaba y además era lo más cerca
que estaba de ese mundo que tanto me gustaba.
El tercer año del pre fue uno de los
momentos más estresantes de mi vida, porque era consciente
de la nota que tenía Medicina y a diario me atormentaba
pensar que no lo iba a lograr. Mi temor era que si no lo
conseguía no me gustaba ninguna otra carrera, aunque me
gustaba toda la rama sanitaria, era Medicina lo que quería y
después de seis años descubriéndola estoy aún más seguro de
que estaba en lo cierto.
Lo que me apasiona de la Medicina es el
trabajo mental del médico, es decir, saber en qué momento
preguntar, qué preguntar, cuándo sospechar, cuándo actuar,
cuándo tratar y cuándo consolar. Admiro la Medicina y a los
Médicos humanos, los de verdad. Quizás es por esto por lo
que a veces he pensado que me había equivocado estudiando
Medicina, porque veo imposible separar la humanidad de la
Medicina y esto me ha hecho sufrir a lo largo de la carrera.
Ver el sufrimiento ajeno con empatía y ser
capaz de no sufrir, es aún un reto para mí.
Creo que la experiencia te hace coger la
medida perfecta, es decir, ser un buen médico y actuar con
empatía, delicadeza, pero saber también separar la vida del
trabajo y no vivir atormentado, aunque esto no debe ser una
excusa para no ser humano. La Medicina es compromiso,
responsabilidad, siempre tendremos vidas humanas en nuestras
manos, sin embargo es reconfortante estudiar sabiendo que
tus conocimientos son esperanzas para el mundo, porque no
hay nada más que preocupe al mundo que aquello que amenaza
la vida, la enfermedad.
Desde Sierra Leona muestra con orgullo la carta enviada por Antonio Guerrero, uno de los Cinco Héroes.
La Medicina es satisfacción cuando ayudas
a alguien que ha puesto su vida en tus manos y es
gratificante una simple sonrisa, el cariño, la cordialidad,
el respeto y la admiración de una persona agradecida por un
trato humano. Por todo esto me apasiona la medicina y ser un
médico, por supuesto, humano.”
Ya sabía mucho más de Enmanuel, de Sierra
Leona, de la Brigada, pero seguían las cartas del joven
médico ésta última como una especie de conclusión, de
homenaje, de reconocimiento en un texto escrito a corazón
abierto, aquí se los dejo para que una vez más subamos la
vista para distinguir a los médicos del mundo y
especialmente a los nuestros que han dado infinitas muestras
de sapiencia y amor.
¿Quién dijo que nos hemos ido?
Cuando en toda Cuba, se supo la noticia
que muchos de sus hijos, volábamos a tierras africanas a
combatir ese mal que representa la enfermedad de Ébola,
causo cierta preocupación, incertidumbre, asombro y un
montón de sentimientos que llenaría la página de tanto
mencionar. Vecinos, compañeros de trabajo, amistades,
etc..,más de una mascota sintió la nostalgia de una ausencia
inminente al llamado del deber.
Sin embargo me pregunto, cómo estar
ausente cuando sabes que en más de una familia se habla de
ti a cualquier hora de día o noche, cuando por las calles
eres la noticia más sobresaliente, si te montas en un
autobús y escuchas hablar a viva voz, “sabes que tengo un
amigo en esa misión contra el Ébola!!!”, si estas en alguna
que otra cola por ejemplo, tempranito en algún estanquillo
para comprar la prensa y estar deseoso de alguna nueva
noticia sobre nosotros, incluso algún que otro romántico
pregona su amor a su pareja y la compara con la gallardía de
los que acá andamos, te montas en un almendrón y te topas
con alguien que hacía tiempo no veías y le preguntas por la
familia enseguida te dice, pero si fulano esta allá en
África en eso del Ébola, y de repente sin querer sus ojos se
descubren como si hubieses ganado una herencia, no por nada
malo pero te asombras y piensas, Dios mío, que se
proteja!!!, llegas a algún centro de salud y miras entre
tantas batas blancas, te detienes y piensas, cuanto amor
sale de ellos, cuanto desprendimiento, cuanto sacrificio,
que orgullo y arrancas a atenderte pensando que ese
profesional puede ser uno de nosotros, más de un cubano que
ha viajado en avión y ha tenido que cruzar el África debe de
haber pensado, ¿estaré pasando por alguno de los países
azotado por la epidemia? ¿dónde estarán?, ¿cómo estarán?,
incluso a partir de ese pensamiento el viaje cambia, desde
otras latitudes colegas dialogan y coinciden en el mismo
punto, ¿cual?, nosotros!!!, llega un niño o niña a su
escuela y que le pregunta la profesora, ¿cómo está tu papa o
tu hermano?, ese infante que aprieta la mano de su mama, la
mira y con ojos brillando de orgullo le responde, con una
sonrisa única: “bien, él está bien!”, más de uno en alguna
fiesta se detiene y grita, brindemos por nuestros médicos y
enfermeros que lo están dando todo por Cuba y el mundo!
Después de haber sido intervenido
quirúrgicamente por apendicitis, descubrí otra familia que
no conocía. Mis colegas de lucha se mantuvieron segundo a
segundo pendientes de mi recuperación y aun lo están!, un
colega chatea conmigo y me pregunta, por donde andas?, la
respuesta ya la saben… y demora al contestar, luego te
corresponde y te dice caramba mi hermano que coraje!
cuídate!, yo te hacía en Cuba recuerda en la patria te
espera la familia, si, esa misma que habla de ti noche y
día, como si permanecieras allí y esperan que cruces la
puerta tal como si llegaras de una guardia, o vienes de
buscar el pan.
Entonces desde aquí sigues las noticias y
ves que toda la patria está a tu lado, que todo un pueblo
heroico espera una victoria más!, de esas a las que está
acostumbrado.
Me levanto cada mañana pensando en todas
esas costumbres por idiosincrasia singular que tenemos
impresas los cubanos, leo algún correo de la familia, sonrió
y me pregunto, ¿quién dice que no estoy en mi isla?. Hoy
estoy más que nunca en ella!. Hoy te llevo más que nunca en
mi Corazón, hoy me siento más orgulloso de ser CUBANO!
Dr. Enmanuel Vigil Fonseca.
Miembro de la Brigada Cubana Brig.medica cubana en Sierra leona Henry Reeve.
Miembro de la Brigada Cubana Brig.medica cubana en Sierra leona Henry Reeve.
Me hubiera gustado cerrar el trabajo aquí,
pero me quedó en el tintero un pensamiento. Para los que
consideraron a la esposa del médico: “pobre Lisbet”, creo
que pobres son las mujeres que no tienen a su lado –aún a
miles de kilómetros de distancia- un compañero como Enmanuel.
Fuente:
Cubadebate
RAZONES PARA SENTIR ORGULLO
Lisandra Díaz Padrón
Ser médico cubano trae consigo ser
internacionalista al precio que sea necesario”, así lo
expresó Rotceh Ríos Molina, médico jaruqueño y único
mayabequense que forma parte de la Brigada Médica Cubana que
combate el virus del Ébola en el continente africano. Esas,
y otras iguales de profundas, fueron las palabras enviadas a
la emisora Radio Jaruco hace pocos días.
Como Rotceh, de apenas 29 años, más de 200
galenos cubanos hoy se juegan la vida con un enemigo peor
que las armas de fuego, un enemigo sorpresivo, invisible.
Lejos de su hogar luchan en favor de la humanidad, en medio
de una batalla que hoy tiene prioridad por el peligro que
representa.
Cuba fue el primer estado en responder,
tal como la situación lo amerita.
No existe mejor motivo para celebrar este
3 de diciembre, Día de la Medicina Latinoamericana, bajo el
paradigma que ha logrado exponer la cubana. Unos en África,
otros 50 mil dispersos en 66 países de todo el mundo, más de
23 mil de 83 naciones graduados en Cuba. Súmele a todo ello
el todavía cuantioso talento humano que se queda en la
retaguardia, en cada consultorio, policlínico u hospital,
también cuidando de los suyos.
La cuestión es sencilla: lo imprescindible
para ser médico es tener un buen corazón, y a los cubanos se
nos sale del pecho.
Fuente: Periódico
Mayabeque
Dayamis Sotolongo
Antes de que aquella nave blanca, que
permanecía apostada en una de las pistas del Aeropuerto
Internacional José Martí, se lanzara de canto contra la
noche, el doctor Miguel Sacerio Caballero volvió a
estremecerse. Antes, incluso, de poner un pie en la
escalerilla del avión quizás le rondó de nuevo ese salto en
el estómago al pensar en los suyos que a esa hora tal vez
dormían en su casa allá en Jatibonico.
Ni en ese instante vaciló —aunque tampoco
niegue que más de una vez el temor se le abalanzara—, acaso
porque lo había decidido sin excusas: ayudar a contener la
epidemia de ébola, incluso a riesgo de su propia existencia,
sería otro de los pasajes en su batalla diaria por salvar
vidas.
Han pasado más de dos meses de que se le
arremolinaran de golpe tantas emociones y justo hoy, luego
de que una retahíla de preguntas lanzadas por esta reportera
le asaltara su buzón de correo electrónico, regresan las
confesiones.
“El miedo es una característica del ser
humano, pero lo más importante es superarlo y en eso
consiste la valentía —revela—. Al subir la escalerilla del
avión sentí orgullo por poder saludar personalmente a
nuestro presidente Raúl Castro, le mandé saludos al más
grande de la historia: Fidel Castro Ruz, y luego comencé a
pensar en el regreso”.
Después de varias horas de vuelo, Sierra
Leona se le desnudó sin tapujos y allí, con los dos pies en
tierra, comenzó a sentir los primeros desgarros: “Al llegar
vimos un aeropuerto totalmente vacío, sin más pasajeros que
nosotros. Nos recibieron el embajador de Cuba, la jefa de la
misión médica de Sierra Leona y miembros del Ministerio de
Salud de esta nación. Cuando partimos a nuestro destino
vimos un país extremadamente pobre y desgastado por una
larga guerra civil recientemente; eso me encogió el alma”.
Eran las primeras heridas. En Freetown,
ese lugar donde hoy vive y sana, ha visto nacer un hospital
exclusivo para el tratamiento de los pacientes con ébola,
gracias a la cooperación de la organización británica Save
the Children, y también le ha visto de cerca la cara a la
muerte.
“Comenzamos a trabajar el 5 de noviembre
luego de un entrenamiento intensivo por expertos de la
Organización Mundial de la Salud. El hospital tiene
características únicas, ya que fue diseñado específicamente
para tratar esta enfermedad y no existe otro en el país. La
mayor cantidad de fuerza de trabajo es nuestra y se trabaja
las 24 horas dividido en cuatro turnos. Cuando se llega al
hospital el jefe del team médico distribuye los equipos con
el plan a realizar y al entrar el tiempo de estancia es de
40 minutos a una hora. En estos momentos se están recibiendo
casos de otros hospitales y la cantidad es muy variable.
Aquí existe capacidad para 100 camas, pero aún no está
terminado el hospital y ahora estamos trabajando con 20
camas”.
No experimentó jamás en México —adonde
llegó en el 2007— ni en Venezuela, hace un quinquenio atrás,
esa incertidumbre de andar todo el tiempo sobre el filo de
los riesgos. Pero el ébola no entiende de desprevenidos, por
eso ha tenido que aprender a respirar debajo de aquellos
trajes impermeables, de los nazobucos, de las gafas
obligatorias y hasta ha debido habituarse al rigor de
medidas extremas como la que le hizo negarse a acceder a
cierta petición periodística: “Lamento no poder complacerte
con una foto mientras trabajo —me escribió—, porque no se
pueden usar cámaras; todo lo que entra a ese hospital es
llevado a un crematorio para evitar contaminación”.
Del ébola Miguel solo conocía lo estudiado
en no pocos libros; mas, en medio de aquellas naves
altísimas que semejan una sala de hospital, de aquellos
cuerpos al borde de los quebrantos que aclaman socorros, de
los tratamientos urgentes que intentan asir vidas comprobó
que en la epidemia la desprotección es uno de los mayores
peligros y que la muerte, por más acostumbrada que sea,
siempre deja cicatrices.
“En este tiempo lo que más me impresionó
fue la muerte de una niña de 9 años. Los primeros síntomas
de esta enfermedad son hipo, decaimiento, fiebre, pérdida de
apetito pero las complicaciones son shock hipovolémico,
convulsiones y sangramientos masivos que llevan a la muerte.
La forma de protegerse es concentrarse en cada paso a
realizar; la distracción y el error son fatales”.
Acaso por eso cada día lo acecha el mismo
desvelo: salvar. Y mucho antes de que Freetown despierte, ya
anda Miguel regulando el goteo de sueros, indicando
medicamentos, sanando… Lo calla, quizás porque prefiere
evadir hazañas y porque es un hombre de palabras esquivas
como se me figura en esas líneas digitales que lo traen de
vuelta.
Pero hoy, 3 de diciembre, amanece
diferente en aquellos parajes africanos. “Felicita a todos
los trabajadores de la salud a nombre de todos los
espirituanos que estamos acá en esta riesgosa lucha”,
solicita en el último mensaje llegado a mi correo.
Tal vez hoy no haya tiempo para los
acostumbrados festejos por el Día de la Medicina
Latinoamericana ni le atiborren de regalos, pero al menos a
solas en aquella habitación de hotel donde habita tendrá la
cercanía de este diálogo a ciegas y a lo mejor hasta se le
despabilará ese sueño recurrente que le rondó antes,
incluso, de poner un pie en la escalerilla del avión, como
confesara: “Espero que el regreso sea con mucha seguridad y
que al cumplir las normas internacionales, después de la
cuarentena tendré un feliz regreso a casa”.
Fuente:
Escambray
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